Tiempo de Adviento: tiempo de preparar el corazón para que el niño Dios nazca.



El tiempo de Adviento, es el tiempo litúrgico donde nos preparamos para el nacimiento de Jesús, es un tiempo de espera. El tema de la espera es vivido en la Iglesia con la misma oración que resonaba en la asamblea cristiana primitiva: el Marana-tha (Ven Señor) o el Maran-athá (el Señor viene) de los textos de Pablo (1 Cor 16,22) y del Apocalipsis (Ap 22,20), que se encuentra también en la Didaché, y hoy en una de las aclamaciones de la oración eucarística. Todo el Adviento resuena como un "Marana-thá" en las diferentes modulaciones que esta oración adquiere en las preces de la Iglesia.

En el hoy de la Iglesia, Adviento es como un redescubrir la centralidad de Cristo en la historia de la salvación. Se recuerdan sus títulos mesiánicos a través de las lecturas bíblicas y las antífonas: Mesías, Libertador, Salvador, Esperado de las naciones, Anunciado por los profetas... En sus títulos y funciones Cristo, revelado por el Padre, se convierte en el personaje central, la clave del arco de una historia, de la historia de la salvación.

Es el tiempo mariano por excelencia del Año litúrgico. Lo ha expresado con toda autoridad Pablo VI en la Marialis Cultus, nn. 3-4. Históricamente la memoria de María en la liturgia ha surgido con la lectura del Evangelio de la Anunciación antes de Navidad en el que con razón ha sido llamado el domingo mariano pre-natalicio.

Preparándonos a la fiesta de Navidad, nosotros pensamos en los justos del AT que han esperado la primera venida del Mesías. Leemos los oráculos de sus profetas, cantamos sus salmos y recitamos sus oraciones. Pero nosotros no hacemos esto poniéndonos en su lugar como si el Mesías no hubiese venido todavía, sino para apreciar mejor el don de la salvación que nos ha traído. El Adviento para nosotros es un tiempo real. Podemos recitar con toda verdad la oración de los justos del AT y esperar el cumplimiento de las profecías porque éstas no se han realizado todavía plenamente; se cumplirán con la segunda venida del Señor. Debemos esperar y preparar esta última venida.

La espiritualidad del Adviento resulta así una espiritualidad comprometida, un esfuerzo hecho por la comunidad para recuperar la conciencia de ser Iglesia para el mundo, reserva de esperanza y de gozo. Más aún, de ser Iglesia para Cristo, Esposa vigilante en la oración y exultante en la alabanza del Señor que viene.

PARA ENTENDER EL ADVIENTO TENEMOS QUE MIRAR EL PASADO Y EL FUTURO, PARA LUEGO PONER MANOS A LA OBRA EN EL PRESENTE

Para entender el Adviento se requieren tres actitudes fundamentales:
1) Dirigir la mirada al futuro: La espera del retorno glorioso de Jesús
* Llamado: Mantener viva la esperanza

“El Adviento tiene una doble índole: Es tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y es a la vez el tiempo en el que por este recuerdo, se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos” (Calendario Romano)

2) Volver los ojos al pasado: En la Espera del Nacimiento del Salvador
* Llamado: Conversión y alegría verdadera
       La alegría aparece en el texto de Isaías del miércoles de la primera semana: “Este es Yahvé en quien esperábamos; alegrémonos, saltemos de gozo por su salvación” (Is 25,9).
       El llamado a la conversión resuena en la voz de Juan Bautista: “Conviértanse, que ha llegado el Reino de los Cielos” (Mt 3,2)

3) Situarnos en el presente: El “hoy” de la salvación
* Llamado: Compromiso de hacer realidad el Reino de Dios entre los hombres aquí y ahora.
El nacimiento de Jesús de la Virgen María y la tensa espera de su retorno, nos exige ser hoy testigos vivientes de la salvación que Dios nos ofrece en Jesús, que nació y vivió entre nosotros. A través de la celebración, se está haciendo ya realidad lo que esperamos.

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JOSÉ ALFONSO MORALES ROSALES.

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