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| Camino de Emaús |
El evangelio sinóptico de Lucas, nos muestra en el
capítulo 24,13-35 (el Camino de Emaús), que es una de las apariciones del
Resucitado que más han calado en la catequesis de la comunidad cristiana. La
polifonía de la narración encierra notas de mucho calado, que deben recrearse
en una lectura pausada y sosegada para llegar hasta donde nos quiere llevar el
autor.
Datos curiosos del texto:
**no es fácilmente localizable una Emaús a sesenta
estadios de Jerusalén (unos 11km)… en realidad es otro lugar.
** Nada sabemos de este Cleofás y, a fortiori, de su
innominado compañero; (no eran del grupo de los 12).
** son difíciles de estimar las referencias al final
del día. (En realidad no se puede concretar a qué hora sucedió).
** Este relato es propio solo de Lucas, aunque hay un
eco de el en el apéndice del Marcos 16,12-13.
Al acercarnos al texto vemos, como si fuera la
descripción de una eucaristía en un proceso dinámico: (a) Lc 24,15: "mientras hablaban y se hacían preguntas”…"
(b) Lc 24,30: "cuando está en
la mesa sentado con ellos, tomo el pan, lo bendijo, lo partió y lo dio a ellos."
Muchos teólogos han reconocido que Lucas indica los dos momentos de la
celebración eucarística: (liturgia de la Palabra y liturgia eucarística).
Es importante también comprender en este texto que
hace referencia clara sobre el discipulado cristiano. El discipulado se debe
entender como el camino que se ha de recorrer con Jesús; (no es un discipulado
de mero tipo intelectual) sino vivencial: se
aprende viviendo, caminando con el maestro. Es importante ver que Jesús
toma la iniciativa: se hace un peregrino, un itinerante con ellos, que vienen
de Jerusalén desesperados, sin esperanza.
En el camino de la vida el Maestro Jesús acompaña
siempre nuestros pasos. Es el único capaz de iluminar toda nuestra vida con palabras
ardientes, que incitan siempre en orden a descubrir el sentido de la
existencia, a dejar a un lado la desesperanza.
La Eucaristía, como la grandeza de la Resurrección, son
misterios inefables de liberación, ya que los discípulos que estaban
angustiados por lo que había pasado en Jerusalén, poco a poco, en la medida en
que va haciéndose la Eucaristía, como un peregrinar, se conmueven, porque la
vida del Resucitado se apodera de sus corazones.
El punto culminante del episodio muestra como los ojos de los discípulos quedan
abiertos y reconocen al Señor que es su acompañante y huésped, que
desaparece en el mismo momento de su vista, por estar ya conseguido el objetivo
de la aparición. Jesús se les ha revelado como el resucitado de la muerte a la
vida, haciéndolos así testigos de la Resurrección. Y estos ya no se quedan en Emaús,
sino que, a pesar de lo avanzado de la hora, se ponen inmediatamente en camino
para comunicar a los hermanos en Jerusalén lo más rápidamente posible que el
Señor vive y que se les ha presentado.
***
es la misión del discípulo que se encuentra con el Señor (que hace arder
nuestros corazón), debe salir a anunciar con su vida este maravilloso
encuentro.
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José
Alfonso Morales Rosales

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