¡Es hora de recuperar la bendición de la familia!


El corazón cerrado, el querer bajarse de la cruz de cada día y el no hacer nada para mejorar; son las tentaciones más presentes en la vida familiar. Para dar luz y acompañar esta realidad la Iglesia debe abrir de par en par sus puertas; se necesitan pastores con olor a oveja, con un corazón disponible a acompañar a las diferentes realidades que se viven en la familia, promoviendo su integración a partir del diálogo, el amor y la esperanza.

Para ello, es importante una conversión pastoral de la Iglesia, donde se valore el proceso que vive cada familia y preguntarse ¿lo que Jesús haría? Sabiendo que su respuesta está basada en el perdón. Cada hogar debe revisarse hacer un emanen de conciencia ¿Cómo está presente el amor? Y a partir de ahí recomenzar o continuar su escuela de amor.

La Iglesia a partir de esta experiencia sinodal, debe abrir los ojos y hacerle frente a la realidad familiar y trabajar por sanar las heridas presentes, recordando la opción preferencial por los pobres (porque en estas familias es donde existe más necesidad) 

Recordemos que un Buen Teólogo huele a Pueblo



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