La Dirección Espiritual y su connotación psicológica parte 1



La Dirección Espiritual.

        
  El problema del acompañamiento espiritual es actualmente muy serio; por otra parte, también la psicología ha comenzado a prestar una mayor atención a la dimensión espiritual del hombre. La praxis de la dirección espiritual ha tenido, en el transcurso del tiempo, algunas constantes, aunque en determinados aspectos ha asumido distintos modos, dependiendo de las circunstancias históricas.

     Actualidad de la Dirección Espiritual:

          En el último cuarto del siglo XX, la dirección espiritual ha entrado en una nueva fase. Es un tema sobre el que se ha escrito mucho. Se han lanzado iniciativas y se han elaborado programas para preparar directores espirituales. Tras un periodo de crisis en la década de 1960, actualmente está volviendo a florecer y se está renovando. Los motivos y situaciones que han devuelto la importancia al director espiritual son de muy distinta índole. La situación actual de la familia hace cada vez más difíciles las relaciones interpersonales. La soledad aflige a muchas personas, que sienten la necesidad de comunicarse con alguien que le preste más atención y comprensión.

          Para Ganzi, define la dirección espiritual como:

          Dirigir a una persona es conducirla por los caminos de Dios, es enseñarle escucharla inspiración divina y a corresponder a ella, es sugerir la práctica de la virtud teniendo en cuenta su situación actual, y no sólo conservarla en su pureza e inocencia, sino hacer que    avance en la perfección. En una palabra, es contribuir por todos los medios elevarla al   grado de santidad a que Dios la destina[1]

        
   En esta misma línea está el estudio clásico del autor Mendizábal, con una precisión importante para nuestro tratado la dirección espiritual porque este autor sitúa el tema dentro de la pastoral de la Iglesia[2]. Hoy la dirección espiritual se prefiere hablar de un camino que se hace en diálogo y en búsqueda común, un camino de evangelización en el que se comparten experiencias, etc. La dirección espiritual se concibe sobre todo como una relación fraterna.

          Por lo tanto el objetivo de la dirección espiritual, que consiste en formar al cristiano para que sepa discernir personalmente, en todas sus decisiones, un bien aparente de un bien real. Y sobre todo cuando está en juego su vocación, para poner orden en su vida y orientar todo al fin último, que es la unión con Dios y el seguimiento de Cristo. Es obvio, además, que quien recorre un camino de vida espiritual tiende a mejorar su vida moral buscando siempre el bien y abandonando el mal. Escoger el bien lleva a la persona humana a unificarse, a amar cada vez mejor, a realizar plenamente su vocación y, en consecuencia, a lograr su plenitud humana. En la dirección espiritual se trata de “leer el movimiento de Dios hacia el hombre” y el “movimiento del hombre hacia Dios”[3].

          Según W. Barry y W. J. Connolly, “la dirección espiritual se distingue de tantos otros métodos o medios (guía espiritual, sesiones psicológicas, predicación e incluso confesión) en que, aunque tiene con ellos en común algunas cosas, su objetivo específico es asistir directamente a los individuos a que se desarrolle y crezca su relación personal con Dios”[4]. La dirección espiritual es una realidad compleja. D. L. Fleming afirma que se pueden distinguir al menos cinco modelos.

1.     Dirección institucionalizada
2.     Dirección como relación interpersonal
3.     Dirección carismática.
4.     Dirección sacramental.
5.     Dirección encarnada

1.     Implicaciones Psicológicas Aportaciones de la Psicología.
        
  Un papel no desdeñable lo juega la psicología contemporánea (sobre todo la humanista), que subraya la gran labor de las relaciones humanas. Es oportuno decir que, si bien el conocimiento de las ciencias humanas, como la psicología y la sociología, puede ayudar por un lado al director espiritual, por otro puede llevar a que se pierda el sentido ontológico de las verdaderas raíces de la dirección espiritual, de la acción del Espíritu santo que ha sido derramado en nuestros corazones. La aportación de la psicología a la dirección espiritual asume tres formas principales:

·       en el plano teórico ayuda a conocer más y mejor al dirigido y favorece dirigirlo con éxito. Todo director espiritual parte del conocimiento más perfecto posible de la persona que dirige;

·       en el plano operativo puede ofrecer al director espiritual la aplicación personal de algunos principios y técnicas psicoterapéuticas;

·       en el plano de la misma relación puede contribuir a clarificar su naturaleza analizando el fenómeno del transferí y del contratransfert.

Dentro de la dirección espiritual esta presente los

A.   Dinamismos inconscieníes: En el plano íeórico, la psicología desempeña una labor importante aportando conocimientos sobre los dinamismos inconscientes. Un aspecto específico, significativo para la dirección espiritual, es la existencia de mecanismos de defensa.

·        Los mecanismos de defensa y los grados de libertad Todas las personas llegan a desarrollar un modelo propio de tendencias adaptativas, que en mayor o menor medida se convierte en característico y que aparece en una fase relativamente precoz de su vida. Podemos decir que la manera como el individuo procede, tanto en la satisfacción de la necesidad como en la reducción de la frustración, puede tener consecuencias en su comportamiento posterior.

ü Los mecanismos psicóticos de defensa
ü Los mecanismos neuróticos de defensa
ü Los mecanismos inmaduros de defensa
ü Mecanismos maduros.

B.    Las áreas conflictivas Partiendo de los mecanismos típicos de defensa se pueden formular hipótesis sobre las principales áreas conflictivas de su vida. Los mecanismos de racionalización, proyección e identificación se nutren a menudo de la sensación de fracaso. La autoagresión puede esconder el sentimiento de culpa. La sublimación y la formación reactiva se utilizan para ocultar hostilidad. Y, finalmente, el aislamiento (autismo), la sublimación y la racionalización son mecanismos de defensa frente a los problemas afectivos y sexuales. Es importante conocer los mecanismos de defensa porque la persona adopta el mismo comportamiento defensivo en su relación con Dios.



[1] I. Ganzi, L'ufficio del direttore spirituale, en AA. VV, Lajbrmazione spiritual del candidato al sacerdozio, Cittá del Vaticano 1965, 237-238.
[2] L. M. Mendizábal, Dirección espiritual I, Madrid 1978.
[3] Cf. L. Ghizzoni, Ad alcuni é dato il discernimento spirituale: Presbyteri 27 (1993)601.
[4] W. Barry-W. J. Connolly, The Practice of Spiritual Direction, New York 1982.


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