Pregunta Clave: ¿Cómo encuentra el creyente lo que, en
concreto agrada a Dios? Muchas personas caen en el error de reducir el papel
del Espíritu Santo a solo un simple ayudante del hombre en el plano meramente
terreno (que le debe decir que hacer o que no hacer) pensar de esa manera es
incorrecta.
El Espíritu de Dios es el que tiene que dirigir a los
hijos de Dios (Cf.Rom 8,14) la cuestión está en saber de qué manera el
cristiano puede y debe siempre ser fiel al Espíritu, sin apartarse, por eso, de
su condición de hijo en esta tierra y de miembro de las instituciones que
funcionan en la sociedad. Sabiendo que por la fidelidad al Espíritu deberá
criticar a tales instituciones y a la misma sociedad (ejemplo rechazar el
aborto). SIN CAER EN EXTREMOS DAÑINOS, DE VER TODO EN EL MUNDO COMO PECADO.
Es necesario tener presente que lo que agrada a Dios
no es cuestión de fidelidad a normas (ayunos, vigilias o meras practicas
ritualistas) lo que agrada al Dios es el resultado de la intervención del Espíritu
en el hombre, cosa que se manifiesta en la honradez, paz y alegría.
El termino Discernimiento viene del griego DIAKRISIS,
que expresa la idea de saber hacer una distinción.
Discernimiento en la vida cristiana:
Hay que tener en cuenta el verbo DOKIMASEIN que es la
expresión técnica con la que San Pablo ha formulado lo que tiene que ser en
concreto la conducta del hombre de fe. Para el Apóstol la existencia cristiana
debe consistir en el culto autentico que los creyentes deben ofrecer a Dios. Esto
conlleva a la trasformación interior del creyente. Porque toda la existencia
cristiana se traduce y expresa en el discernimiento.
La capacidad de discernimiento personalmente es lo que
Dios quiere, con todas las consecuencias que de eso se deben seguir es lo que
es específica y define al hombre cristiano de los demás.
En el pensamiento Paulino, los hijos de la luz se
definen por el discernimiento, es decir son aquellas personas que en su vida
proceden discerniendo lo que agrada al Señor. Veamos lo que dice el Apóstol
Pablo a los Romanos “los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios esos son hijos de Dios”
Rom 8, 14.
Caminar por el camino de la luz es caminar, por el
camino del discernimiento. (Aunque no
debemos dejar a un lado el amor). Ya nos dice este autor: “un
amor sin discernimiento, poca gloria y alabanza rendirá a Dios; porque será un
amor desorientado y por eso abocado a cometer muchos errores” [1] si
queremos que el amor este orientado debe estar acompañado de un profundo
discernimiento.
Cabe decir que el amor es la clave del discernimiento
que es la fuerza de la vida, que lleva a cabo uno, así evitando seguir su
capricho propio sino seguir la voluntad de Dios.
El discernimiento debe ser algo contante en la vida
del cristiano su puesta en práctica es la que nos hará capaces de saber
desechar lo malo y elegir lo bueno.
¿Cuál es entonces la solución que nos puede garantizar
que vamos por buen camino?
Esa solución no es otra sino la del discernimiento
espiritual. (Es recomendable tener un
director espiritual que nos ayude en ese proceso). El auténtico
discernimiento es lo que nos puede preservar del error y lo que verdaderamente
nos hará acertar en el camino de Dios. La perfección consiste en ser una
persona capacitada para discernir por sí mismo lo que está bien y lo que está
mal pero esto se logra poco a poco con la ayuda de Dios.
[1]
Castillo, J. el discernimiento cristiano por una conciencia crítica,
Salamanca, 1984, Editorial Sígueme, p. 49.


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