Vivimos en un mundo donde la globalización nos esta cada día consumiendo, donde parece que lo espiritual se está extinguiendo, la mayor crisis de esta época es la ausencia de Dios. Esta crisis está afectando a la misma Iglesia, en los últimos años se ha visto que muchos de sus más fieles servidores han colgado sus hábitos para dedicarse a otras cosas y muchos de los que ejercen su ministerio lo hacen de una manera muy frívola.
En este pequeño artículo vamos a
acercarnos a un intento de definición e importancia del acompañamiento
espiritual. Comenzamos por saber que etimológicamente la palabra acompañamiento
indica el hecho de que alguien acompañe a otro u otros en la tarea de llegar a
una meta o a conseguir algo. Como el crecimiento humano no es puro biológico,
los aspectos psicológicos, intelectuales, relacionales, éticos y religiosos;
cobran una importancia capital.
Todos esos procesos mencionados
anteriormente no se maduran sin la presencia de un guía o estimulo de algún experto
en el camino que se pretende recorrer. Esta relación personalizadora se hace
cada vez más urgente en nuestro mundo robotizado.
Este acompañamiento de maduración personal,
es un proceso de crecimiento humano que está condicionado por la historia
vivida, de las relaciones que se tienen y de la forma de proyectar el futuro. Esta
tarea del acompañamiento espiritual es tan compleja que no puede ser abordada
individualmente; si en todo necesitamos maestros, mucho más en este aspecto personal
que da sentido a la vida.
Es ardua la tarea por recorrer porque en el mundo tenemos la misión de construir el Reino de Dios y esto nos lleva a replantearnos el itinerario de la fe que precisa seguir el hombre de hoy y como acompañarlo para que se encuentre con Cristo resucitado y se ponga en actitud de misión. Esta tarea no es solo de los sacerdotes, sino también de los catequistas, agentes de pastorales a todos ellos empezando por el clero se les pide que: POR FAVOR, POR AMOR A DIOS, SE PREPAREN y ESTEN DISPUESTOS a acompañar este proceso de madurez.
El acompañamiento espiritual supone la recuperación
de un servicio humano y de un ministerio eclesial insustituible. Ayudar a la
persona a madurar y respetar la obra de Dios, en cada uno exige mucho tacto,
confianza mutua, encarnación en el tiempo que nos toca vivir y experiencia de
Dios, que actúa de forma insospechada y desconcertarte.
Objetivo del acompañamiento espiritual:
*** liberar al hombre de lo negativo y ayudarle a conseguir su perfección humana y
cristiana a través de un camino bajo la guía de un creyente experimentado en la
vida espiritual.
Es hora de comenzar un camino de dirección
espiritual con la persona que consideres más adecuada y que te pueda escuchar y
hablar desde el corazón (no solo puede ser un sacerdote; también puede ser una
religiosa, un catequista o hasta un amigo al que tengas confianza y sepas que
te pueda ayudar).
cf. Sartre, García, el acompañamiento espiritual, 1996, Caracas; San Pablo
José
Alfonso Morales



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