La Eucarístia fuente y culmen de la vida Cristiana




Partimos de la afirmación del Concilio Vaticano II, acerca de este sacramento definiéndolo como “fuente y cima de toda la vida cristiana”[1], de los demás sacramentos, como también todos los misterios eclesiales y las obras de apostolado, están unidos a la eucaristía y a ella se ordenan. La Sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo nuestra pascua[2].

             La riqueza inagotable de este sacramento se expresa mediante los distintos nombres por los cuales se le conoce. Cada uno de ellos, evoca algunos de sus aspectos:  

Eucaristía porque es acción de gracias a Dios; Banquete del Señor porque se trata de la Cena que el Señor celebró con sus discípulos a la víspera de su Pasión y de la anticipación del banquete de bodas del Cordero; Fracción del Pan, porque este rito, propio del banquete judío, fue utilizado por Jesús; Asamblea eucarística, porque es celebrada en la asamblea de los fieles; Santo sacrificio, porque actualiza el único sacrificio de Cristo Salvador; Comunión, porque por este sacramento nos unimos a Cristo que nos hace participes de su Cuerpo y de su Sangre; Y Santa Misa; porque la liturgia en la que se realiza el misterio de salvación se termina con el envió de los fieles[3].

            Por tanto, La eucaristía es el corazón y la cumbre de la vida de la Iglesia, pues en ella Cristo asocia a su Iglesia y todos sus miembros a su sacrificio de alabanza y acción de gracias ofrecido una vez por todas en la cruz a su Padre; por medio de este sacrificio derrama las gracias de la salvación sobre su Cuerpo que es la Iglesia[4]. La Eucaristía, como sacramento, manifiesta y edifica de un modo singular el misterio de la fe cristiana. La relación que existe entre la fe y el sacramento, en la eucaristía llega a su expresión y significación más plena[5].

            Recordemos que en la celebración eucarística realizamos el memorial de la obra de Cristo; es el sacramento del núcleo de la fe cristiana: de su Muerte y Resurrección. En este sacramento el pasado se une al presente y este es celebrado con una ventana abierta hacia el futuro, el porvenir. En toda eucaristía se realiza una llamada a la espera, hay una invitación y una donación de esperanza, una garantía de que llegaremos a poseer lo que anhelamos[6].

            Santo Tomás de Aquino nos enseña acerca de la eucaristía afirmaba que este “sacramento se ordena a nuestra santificación…esta tiene tres aspectos: su causa propia, que es la Pasión de Cristo; su forma, que consiste en la gracia y su último fin, que es la vida eterna”[7]. Por ello, la insistencia en la participación de este sacramento.

            La Eucaristía, es también el sacramento de la Iglesia, de la comunidad Cuerpo de Cristo. La Iglesia es el Sacramento de la salvación en el mundo porque “del costado de Cristo dormido en la cruz nació el sacramento admirable de la Iglesia entera”[8]. Por lo tanto, la eucaristía es para la misma Iglesia sacramento, revelación, manifestación o signo, de lo que ella es o debe llegar a ser, la eucaristía, como todo sacramento de la Iglesia, no mira hacia afuera, sino que se celebra para la comunidad de los creyentes.

            La Eucaristía es manifestación de lo que es la comunidad. Nos podemos preguntar ¿Cuál es el misterio de la comunidad? Contestando que es ser cuerpo de Cristo en el mundo. Así, pues la eucaristía se hace realmente presente ante la comunidad, en el pan y el vino, el cuerpo y la sangre de cristo[9]. La Iglesia vive de la Eucaristía. Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia[10].

            Del misterio pascual nace la Iglesia. Precisamente por eso la Eucaristía es por excelencia el misterio pascual, está en el centro de la vida eclesial. Después de dos mil años seguimos reproduciendo aquella imagen primigenia de la Iglesia. Y, mientras lo hacemos en la celebración eucarística, los ojos del alma se dirigen al Triduo Pascual: a lo que ocurrió la tarde del Jueves Santo, durante la Última Cena y después de ella. La institución de la Eucaristía, en efecto, anticipaba sacramentalmente los acontecimientos que tendrían lugar poco más tarde, a partir de la agonía[11].

            La Eucaristía, presencia salvadora de Jesús en la comunidad de los fieles y su alimento espiritual, es de lo más precioso que la Iglesia puede tener en su caminar por la historia[12].La Iglesia vive continuamente del sacrificio redentor, y acude a él no solamente a través de un recuerdo lleno de fe sino también en un contacto actual, puesto que este sacrificio se hace presente, perpetuándose sacramentalmente en cada comunidad que lo ofrece por manos del ministro consagrado[13].

            Por eso, una comunidad realmente eucarística no puede encerrarse en sí misma, como si fuera autosuficiente, sino que ha de mantenerse en sintonía con todas las demás comunidades católicas.

            Todo compromiso de santidad, toda santidad, toda acción orientada a realizar la misión de la Iglesia toda puesta en práctica de planes pastorales, ha de sacar del misterio eucarístico la fuerza necesaria y se ha de ordenar a él como a su culmen. En la eucaristía tenemos a Jesús, tenemos su resurrección, tenemos el don del Espíritu Santo, tenemos la adoración, la obediencia y el amor al padre. Si descuidamos el centro de la vida cristiana ¿Cómo podríamos remediar nuestra indigencia?

         
   Por ello el misterio eucarístico, no consiste en reducciones ni instrumentalizaciones, debe ser vivido en su integralidad; sea durante la celebración, sea en el intimo coloquio con Jesús apenas recibiéndolo en la comunión, sea durante la adoración eucaristía.

            En el humilde signo del pan y el vino, transformados en su cuerpo y en su sangre, Cristo camina con nosotros como nuestra fuerza y nuestro viatico y nos convierte en testigos de la esperanza.

            Jesús nos enseña en el sacramento de la Eucaristía la verdad del amor, que es la esencia misma de Dios. Por eso la Iglesia, cuyo centro vital es la Eucaristía, se compromete constantemente a anunciar a todos a tiempo y a destiempo que Dios es amor. Precisamente porque Cristo se ha hecho por nosotros alimento de la verdad, la Iglesia se dirige al hombre, invitándolo a acoger libremente a Dios[14].

Es medicina de inmortalidad, antídoto para no morir, remedio para vivir en Jesucristo para siempre. San Ignacio de Antioquía


[1] Concilio Vaticano II, Sacrosanctum Concilium, #14.
[2] Cfr. Concilio Vaticano II, Presbyterorum Ordinis, #5.
[3] Borobio, D. Eucaristía, 2000, Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, p.4-5.
[4] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, # 1407.
[5] Vaticano II, Sacrosanctum Concilium, # 47.
[6] Cfr. Burgaleta,J. La Eucaristía en la Iglesia hoy, 1969, Salamanca: Editorial PPC, p.12.
[7] Tomás de Aquino, Suma Teológica, III q.60, a.3.
[8] Concilio Vaticano II, Sacrosanctum Concilium, #5.
[9] Cfr. Burgaleta, J. Op Cit, p.14.
[10] Juan Pablo II, Eclessia de Eucharistia, #1.
[11] Cfr. Ibídem, # 4.
[12] Cfr. Ibídem, # 9.
[13] Ibídem, # 14.
[14] Benedicto XVI, Sacramentum Caritatis, #2.

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